La tokenización suele presentarse como una innovación tecnológica asociada al mundo cripto, pero en el contexto chileno su impacto más relevante no es ideológico, sino financiero. En estructuras tradicionales de inversión —fondos privados, deuda estructurada o vehículos alternativos bajo marcos como la Ley 20.712 o plataformas reguladas por la Ley 21.521— los costos operativos suelen oscilar entre 1,5% y 3,5% anual sobre los activos administrados, considerando administración, back office, custodia, auditoría, compliance y gestión documental. En un fondo de USD 20 millones, esto puede significar entre USD 300.000 y USD 700.000 anuales en estructura, independientemente del desempeño del activo.
La tokenización no elimina estos costos por arte de magia, pero sí reduce fricciones: automatiza el registro de titularidad, disminuye conciliaciones manuales, integra onboarding digital con KYC y AML conforme a estándares exigidos por la CMF y la UAF, y permite programar distribuciones y reglas de transferencia desde el diseño del instrumento. En términos conservadores, la automatización puede reducir entre 20% y 40% los costos administrativos totales; en el ejemplo anterior, eso implicaría ahorros cercanos a USD 140.000 anuales y aproximadamente USD 700.000 en cinco años.
Más relevante aún es el efecto sobre el retorno neto: si un fondo genera 10% bruto y su estructura tradicional consume 2%, el inversionista recibe 8%; si la estructura se optimiza a 1,3%, el retorno sube a 8,7%, es decir, cerca de 70 puntos base adicionales sin modificar el activo subyacente. En una inversión de USD 1 millón a cinco años, esa diferencia puede traducirse en aproximadamente USD 50.000 adicionales. A esto se suma un posible impacto en el costo de capital si la tokenización facilita mecanismos de liquidez secundaria regulada, reduciendo descuentos por iliquidez entre 50 y 150 puntos base en ciertos casos.
En un mercado como el chileno, donde la regulación es clara pero exigente, la ventaja no está en eludir normas, sino en integrarlas tecnológicamente desde el origen, fortaleciendo trazabilidad, transparencia y control interno. Cuando se analizan los números, la tokenización deja de ser una narrativa tecnológica y se convierte en una discusión estratégica sobre eficiencia estructural, retorno neto y competitividad en un entorno financiero cada vez más globalizado.